
A cuarenta minutos al este de Montpellier, en la costa mediterránea de Francia, se encuentra un complejo de mediados del siglo XX que alguna vez fue descalificado como “contaminación arquitectónica” por L’Architecture d’Aujourd’hui. Se trata de La Grande Motte —que significa “el gran montículo”—, la obra seminal del arquitecto Jean Balladur: un desarrollo modernista compuesto por edificios inspirados en pirámides y mastabas que se alzan sobre la extensión arenosa y verde de lo que antes fue una granja, entre la laguna de l’Étang de l’Or y el mar abierto.
Concebido como un destino vacacional durante la posguerra, en una época en la que los europeos volvían a abrazar la idea de viajar por placer, La Grande Motte puede albergar a casi 38,000 turistas en casas de vacaciones, departamentos y campamentos. Hoy en día, alrededor de 8,000 personas viven ahí de forma permanente, y cada verano la zona recibe a más de 100,000 visitantes.
Balladur materializó el proyecto durante el periodo conocido como Les Trente Glorieuses, o “los treinta gloriosos”, una etapa de prosperidad económica tras el final de la Segunda Guerra Mundial. Para él, el resort representaba una ciudad ideal, donde el alojamiento era relativamente accesible y los residentes podían escapar de las presiones socioeconómicas.
Para los fotógrafos y colaboradores Laurent Kronental y Charly Broyez, enfocados a menudo en la arquitectura y los entornos urbanos, La Grande Motte ofrecía una oportunidad única de explorar un sitio infame que, con los años, terminó conquistando incluso a sus críticos. Cada vez más visto como un concepto adelantado a su tiempo, sus formas singulares, fachadas blancas, elementos escultóricos y armonía con la naturaleza se convirtieron en el centro de una serie titulada La Cité Oasis — un Rêve Futuriste au bord de la Méditerranée (La Ciudad Oasis — un Sueño Futurista a orillas del Mediterráneo).
Entre 2019 y 2023, Kronental y Broyez capturaron las relucientes torres, siluetas arqueadas, detalles escultóricos y toques brutalistas en imágenes crepusculares que irradian un aire veraniego. En ellas se perciben las influencias matizadas que Balladur incorporó de fuentes como las pirámides precolombinas de Teotihuacan, México, o la Cité Radieuse de Le Corbusier en la cercana Marsella. Cada edificio es único, emergiendo de la arena como enormes esculturas habitables.
Las opiniones negativas sobre La Grande Motte comenzaron a transformarse en la década de 1990, cuando su urbanismo reflexivo y su integración con el paisaje se hicieron más evidentes. En 2010, Francia otorgó al complejo la designación de Monument Historique, dentro de la categoría de Patrimonio del Siglo XX.
Las imágenes de Broyez y Kronental carecen de figuras humanas, pero pequeños detalles —como sombrillas en balcones, toallas colgadas para secarse o ventanas abiertas— sugieren su presencia. Explorar La Grande Motte fue “como descubrir un mundo paralelo en el que no sabemos si encontramos los restos de una civilización antigua o si entramos al futuro”, dijo Kronental a The New York Times.
Puedes ver el trabajo de Broyez y Kronental en Instagram, y recorrer el proyecto completo que consta de casi 70 fotografías.

Publicado por Redacción.
