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Recuerdo lo sorprendida que me sentí en 2003 cuando leí la ahora infame historia titulada The Opt-Out Revolution, escrita por Lisa Belkin, que se publicó en la revista del New York Times. El artículo describía a las mujeres altamente educadas y profesionistas que abandonaban sus altos puestos para estar en casa con sus hijos.

“¿Qué? ¿Cómo podían hacer eso? ¿Acaso no tirarían su grandiosa educación y su carrera a la basura?”. Esas fueron algunas de las preguntas que hice acerca de un movimiento que no entendía del todo.

Tres años después, tuve a mi primera hija e inmediatamente me di cuenta de que, además de que no me correspondía juzgar a esas mujeres que se excluían voluntariamente, ellas tomaron una decisión muy difícil (una que, cabe señalar, muchas mujeres no tienen el privilegio de elegir, aunque no deja de ser un camino difícil). Ellas elegían enfocarse en la crianza de sus hijos, ya que hacer los malabares de esa tarea y llevar una carrera de grandes responsabilidades no funcionaba.

Como mamá primeriza que al principio no puede imaginar dejar a su pequeño una hora para ir a cortarse el cabello —ya no digamos hacerlo por entre 10 y 12 horas al día—entendí parte de lo que pudo haberlas motivado a tomar sus decisiones.

Desde entonces, como mamá de dos niñas, la paradoja de equilibrar una vida de trabajo se ha convertido en una pasión personal. Llevé mi carrera en una dirección que me permitió concentrarme de tiempo completo en este tema y otros que afectan a las mujeres y a las madres, además de que tengo más tiempo para mi familia.

Dos de las cosas que más me irritan son, por qué las empresas no hacen más para ayudar a mujeres y hombres, mamás y papás, a equilibrar el trabajo y la familia, y por qué las corporaciones estadounidenses no reconocen el potencial de las mamás que buscan regresar a la fuerza de trabajo y les facilitan el regreso.

Ambos temas fueron abordados en el número del fin de semana pasado de la revista New York Times con una historia actualizada, 10 años después de que el primer artículo desatara un debate nacional. En el artículo, titulado The Opt-Out Generation Wants Back In, se hablaba de las mujeres que dejaron sus trabajos y ahora intentaba reincorporarse.

Kuae Kelch Mattox, antigua productora de la cadena estadounidense NBC News y una de las tres mujeres involucradas en la primera historia del New York Times, ha buscado “seriamente” un trabajo remunerado durante dos o tres años.

Desde que dejó el mundo laboral en 2000, crió tres hijos, fue presidente de la Asociación de Padres de Familia y Maestros, además trabajó como presidente voluntaria de Mocha Moms, una organización no lucrativa para mamás de raza negra que han elegido no trabajar tiempo completo fuera de casa para dedicar más tiempo a la familia. Pero esa experiencia es algo que la mayoría de la gente “no entiende en absoluto”, dijo.

“Creo que uno de los principales problemas para las mamás que se quedan en casa, particularmente para aquellas que han trabajado como voluntarias por algún tiempo, es ayudar a que las compañías y corporaciones entiendan nuestro valor actual”, dijo.

“No he perdido ninguna neurona. Lo que sabía antes, cuando trabajaba para esas compañías, no lo he olvidado”, agregó. “Lo único que ocurrió es que he obtenido experiencia, destreza y conocimiento adicional, lo que en mi opinión debería ser totalmente atractivo, pero por desgracia es lo contrario”.

Mattox dijo que su empresa sin fines de lucro realizó recientemente una encuesta entre sus miembros y preguntó a las madres amas de casa si pensaban volver a trabajar. El 38,3% dijo que querían regresar, pero tenían dificultades para hacerlo y un “abrumador” 53.7% dijo que su estatus de ama de casa era un factor para que las empresas mostraran resistencia a la contratación, dijo Mattox.

“El estigma todavía existe”, dijo. “Está profunda y firmemente arraigado, pero tiene que desaparecer”. Sin duda, la crisis de 2007, seguida de la recesión, el alto desempleo y la disminución de la confianza del consumidor, acrecentó el reto para las mamás que quieren volver. Ahora compiten con mujeres y hombres que también están desempleados, pero con experiencia actualizada.

Tenía curiosidad sobre lo que Lisa Belkin —quien ahora es columnista sénior para el diario The Huffington Post y toca temas de trabajo y familia— pensaba acerca de haber escrito el artículo por el que aún le hacen preguntas. La invité a tomar un café y descubrí que su motivación son las cosas que ha visto en los últimos 10 años.

“Hay progresos, ha habido cambios”, dijo.

Las mujeres que eligieron dejar de trabajar prepararon el terreno para la implementación de normas más flexibles que vemos actualmente en el mundo laboral, me dijo. Belkin recordó a un socio de un bufete de abogados que alguna vez le dijo que su empresa invertía 100,000 dólares (1,250,000 pesos) en capacitación y honorarios de todos los abogados que trabajaban en el bufete y eso se traducía en pérdidas cuando las madres renunciaban. “Es como si salieran 100,000 dólares por la puerta”, le dijo. Así que las empresas como la suya buscaron la forma de conservarlas por medio de la flexibilidad laboral y las políticas de permisos.

“Cuesta mucho capacitarlas. Quieres conservarlas. Eso ocurre en cualquier empresa, así que las mujeres que están dispuestas a irse provocaron que muchos de esos sitios idearan formas para retenerlas”, dijo Belkin, quien tiene dos hijos.

“Creo que esa es la raíz de la flexibilidad que existe actualmente”.

Pero parece que el progreso no es lo suficientemente rápido, respondí, especialmente cuando se trata de ayudar a que las mujeres como Mattox se reincorporen al trabajo.

“El mundo laboral no es lo que era”, dijo Belkin. Las mujeres tal vez esperaban poder regresar gracias a sus habilidades o porque eran muy valiosas en sus ámbitos, dijo. “Pero hay muchísimas personas a las que despidieron en los últimos cinco años y que tienen experiencia más reciente”.

Tal vez la principal lección que deberán aprender las mujeres que decidieron dejar de trabajar y que tienen dificultades para regresar es, “siempre mantener la atención puesta” en su regreso, dijo Belkin.

“Todas lo tomaron como una pausa, no un cese, pero si quieres regresar, tienes que planearlo cuando sales”, dijo. “No puedes esperar que simplemente suceda; ciertamente no tendrás éxito si solo te quedas ahí”.

Mattox dijo, en retrospectiva, que probablemente debería haber hecho más para allanar el camino para su retorno a la fuerza laboral.

“Hubiera sido más agresiva y más activa”, dijo la mamá de tres hijos de 10, 13 y 16 años. “Creo que habría sentido una mayor urgencia por volver. Es evidente que toma más tiempo que antes”, añadió.

Dorothy Liu, una de mis compañeras de dormitorio en la universidad y madre de un niño de 10 años, fundó una empresa, VELAtrio Consulting, hace más de 10 años junto con otras dos mamás que también abandonaron el mundo corporativo para buscar un mejor equilibrio entre el trabajo y la vida privada.

Uno de los principales objetivos de su empresa es asesorar a las mujeres para que regresen al mundo laboral, esa fue una de las razones que llamaron mi atención al verlo escrito por Liu en Facebook, cuando las mamás tratan de volver al trabajo.

“Esas son antiguas ‘jefas’ que no tienen problema con regresar a la tropa, tienen una trayectoria comprobada y la suficiente experiencia como para no caer víctimas de la política de la oficina y otras tonterías”, escribió.

“Desafortunadamente, nadie parece haber descifrado la forma de explotar este increíble recurso”.

Tal vez alguien lo haga, y con suerte, será pronto.

CNN