La Rueca de Morgana

Segunda parte: El corro de hadas

 

En la subsección “La Rueca de Morgana” iniciamos anteriormente con el origen de la Leyenda Artúrica, una de las aventuras medievales más fascinante y aún vigente en pleno siglo XXI. En esta ocasión encajamos el diente a tres figuras femeninas, ya sea por su poder, su papel o simplemente porque sus historias han inspirado gran cantidad de obras plásticas y musicales, estamos hablando de: Vivian La Dama del Lago, Morgana le Fay y La Dama de Shalott.

Comencemos pues con la Dama del Lago: Es curioso el origen de este personaje, las fuentes resultan obscuras y al parecer está ligada a la diosa Coventina, señora céltica de las aguas dulces y manantiales. Si bien en la mitología general el agua tiene un papel masculino activo, como es el caso de Poseidón en Grecia, conlleva un aspecto femenino y maternal, ejemplo de ello son las ninfas, sirenas, nereidas, ondinas y demás deidades acuáticas que inundan los mitos y leyendas antiguas. Vivian o la Dama del Lago está emparentada con estas deidades; la zona céltica insular, recordemos, es un cúmulo de islas con grandes afluentes acuáticas por lo cual no es difícil deducir que éstas formaran parte de las deidades celtas. El principal altar a Coventina está en la zona de Carrawburgh en la parte septentrional del Muro de Adriano; interesante es que aquí se cuenta con una gran presencia de manantiales por lo que al parecer resultó ser una de las deidades con más culto en esta región. Ahora bien, en la leyenda artúrica es ella quien otorga la espada Excalibur, una arma mágica forjada en Avalon cuyo principal atributo era el cortar el acero mismo y su vaina protegía a su portador volviéndolo invulnerable a los ataques. Es Vivian quien se enamora perdidamente de Merlín a quien seduce y lo encierra en lo alto de una torre donde aún habitan los dos, otras leyendas dicen que lo encerró en un roble y otras en que fue una torre de cristal; no obstante lo más lógico es que fuese la versión del roble pues es uno de los árboles celtas sagrados, los antiguos druidas hacían ritos y culto con la madera de éste e incluso amuletos, de ahí la expresión “toco madera” cuando algo de mal agüero se aproxima o se menciona. Lo interesante es que esta Dama del Lago es un sincretismo de la deidad Coventina, por ello se le llama del Lago y es quien otorga la Espada Mágica al rey de Inglaterra. Cuando Arturo muere en manos de Mordred, ella es una de las hadas que acompaña al caído monarca hasta la Isla de Avalon.

Continuamos con la figura de Morgana le Fay: Es uno de los personajes más difíciles de ubicar dentro de la historia artúrica. Algunos la mencionan como una malvada hechicera, otros como un hada poderosa; lo cierto es que Morgana es un hada, es decir una personificación de la diosa galesa Mordon o de las Matronae célticas; lo interesante es que esta diosa siempre se le representó como tríada, como una especie de tres en uno similar a la trinidad cristiana. Mordon es pues así la Diosa Madre, la tierra misma, y esta forma tripartita de presentarla se debe a que cada una forma parte de sus facetas: la vida, la fuerza fecunda y la maternidad. Dentro de la leyenda artúrica Morgana es la media hermana de Arturo hija de Igraine y el fallecido señor de Cornualles y en algunas obras se le atribuye la maternidad de Mordred en acto incestuoso con su propio

hermano. Es común y sobre todo en las leyendas por Internet, de observarla como némesis de Merlín y el señor de Camelot, sin embargo no es precisamente su papel sino más bien está en contra de la reina Ginebra, si tomamos en cuenta que ella engaña el amor de Arturo con el caballero Lancelot podemos entender que atentaba contra el orden establecido por Mordon y por ello era despreciada por esta encarnación de la diosa. También es ella quien roba la vaina de Excalibur provocando la caída de Arturo, pero no es tanto un acto de maldad sino un acto natural, pues es la Madre quien da y quita y toda criatura debe llegar a su fin, así es como también podemos entonces entender que sea ella quien acompañe a Arturo a la mítica Isla de Avalon a su muerte.

 

Finalizamos con la Dama de Shalott: Aunque su presencia es tardía dentro de la leyenda artúrica es una de las figuras más retomadas por el arte prerrafaelista y romántico del siglo XIX. A diferencia de las otras dos figuras aquí tratadas, esta dama no parece estar ligada a una deidad céltica específica, pero sí a una de las formas de entender la madurez sexual femenina. La leyenda narra que la Dama de Shalott vivía encerrada en una alta torre, pues una maldición caía sobre ella si miraba en dirección a Camelot. Por ello esta joven vivía enclaustrada con la única compañía de un espejo mágico por el que miraba el resto del mundo dedicando su tiempo a tejer todo lo que veía en bellos tapices; así transcurrieron años, ella miraba y tejía hasta un día en el cual, observando las aventuras de los caballeros de Camelot, se encontró con la gallarda figura de Lancelot, inundada de pasión por el joven caballero la dama abandonó su rutinaria tarea textil y sin pensarlo dos veces miró a través de la ventana en dirección de Camelot declarando: mío es el amor, mío es el caballero Lancelot; acto seguido el mágico espejo se quebrantó en mil pedazos y los bellos tapices volaron por los cielos. La Dama de Shalott embarcó en una balsa hacia el castillo de Arturo pero en el camino la maldición la alcanzó llevándola a la muerte, cuenta la leyenda que mientras navegaba entonó su triste canción y aún hoy en día, si se pone atención se puede escuchar la triste tonada de la dama que murió de amor. Esta historia no es más que una forma alegórica de narrar la pérdida de la niña y su muerte cuando la menstruación hace su presencia, desde una explicación psicoanalítica el espejo representaría la ruptura de los sueños infantiles y los tapices volando la fuerza con la que la ahora mujer, sale al mundo en búsqueda del amor, y como a todo mundo le sucede durante la adolescencia, el niño muere para que nazca el adulto, dejando la infancia en un rincón de los recuerdos que sólo cuando se es viejo se retorna a ellos… o eso dicen.

 

Hasta aquí el artículo de hoy. Esperamos sea de su agrado y nos dejen comentarios, sugerencias o dudas sobre los temas que tratamos en Ecos del Pasado. Tengan un excelente cierre de semana.

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Para saber más puedes consultar:
 ALBERRO, M., La diosa Coventina en las Islas Británicas, Las Galias y Galicia, en http://anuariobrigantino.betanzos.net/Ab2004PDF/2004%20071-090%20ALBERRO.pdf
 GUIRAND, F., Mitología General, Editorial Labor, Barcelona, 1960
ROSASPINI, Roberto, Los Celtas. Magia, mitos y tradición, 2ª Ed., Ediciones Continente, Buenos Aires, 1998