Joaquín “El Chapo” Guzmán Loera, considerado por Estados Unidos como el narcotraficante más poderoso del mundo y quien escapó del penal de Puente Grande, Jalisco, el 19 de enero 2001, nació el 4 de abril de 1957 en La Tuna, municipio de Badiraguato, Sinaloa.

De acuerdo con las investigaciones, este sujeto fue detenido por primera vez el 9 de junio de 1993 en la frontera entre Guatemala y México, y encarcelado en el penal de máxima seguridad “La Palma”, hoy “El Altiplano”, ubicado en Almoloya de Juárez, Estado de México.

Datos ministeriales señalan que el 22 de noviembre de 1995 fue trasladado al Penal de Puente Grande, Jalisco, de donde se escapó el 19 de enero de 2001, donde cumplía una sentencia de 20 años por delitos contra la salud, asociación delictuosa y cohecho.

De acuerdo con la versión oficial, después de pasar lista el líder del Cártel de Sinaloa se dirigió al área de lavandería, donde se escondió en un carro de transporte de ropa sucia para que custodios lo pasaran por distintos puntos hasta la aduana del penal.

A Guzmán Loera se le atribuye su participación en la balacera de la discoteca “Christine”, ocurrida en Puerto Vallarta, Jalisco, en 1992; en el enfrentamiento donde murió el cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo, en mayo de 1993 en Guadalajara, y en la ejecución de Rodolfo Carrillo Fuentes, en septiembre de 2004 en Culiacán, Sinaloa.

Reportes de inteligencia indican que antes y después de evadirse del penal de Puente Grande fue apoyado por Ismael “El Mayo“ Zambada y Juan José Esparragoza, “El Azul”, quienes son prófugos de la justicia.

En el 2006 las autoridades encargadas de combatir el narcotráfico descubrieron una red de protección policiaca ligada al líder del cártel de Sinaloa, en los que estaban involucrados elementos federales, estatales y municipales, lo cual en ese tiempo dificultó su detención.

Guzmán Loera también tiene procesos judiciales en Estados Unidos, donde existe un juicio en su contra por cargos de conspiración para importar cocaína y la Drug Enforcement Administration (DEA) ofrecía cinco millones de dólares por su captura.

Los trabajos de inteligencia para recapturarlo fueron apoyados por declaraciones ministeriales de integrantes de su organización que ya fueron detenidos y por información que obtuvieron autoridades mexicanas de testigos protegidos en Estados Unidos y México.

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