El Viajero. Última parte. Inconsciente Colectivo
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El Viajero. Última parte. Inconsciente Colectivo

Cerva

No me atreví a dar otro salto así que continúe por ese camino, mi sorpresa fue ver que podía caminar por abajo del él, así que tomé ese camino. Al llegar nuevamente a la orilla, vi dos montañas bastante provocativas me incitaban a visitarlas, con el nervio de un nuevo salto, tomé el reto y volví a saltar, con la mente en mi objetivo salté… Al tener contacto con aquellas montañas mis pies rebotaron, una risa frenética  solté, me sentí como niño de 9 años. Tras varios saltos después, decidí hacer lo posible por parar, inmediatamente fui perdiendo impulso, por fin paré, justo a tiempo, la noche estaba por caer, debo decir que mejor almohada no había encontrado, así que el sueño fue inmediato.

El día nuevamente me sorprendió, comencé a guardar mi camping  y recorrer las prominentes montañas. Decidí recorrerlo a gatas, y es que quería abrazarlas constantemente, así que era más practico ir en esta posición que estar agachándome para hacerlo.  El recorrido por aquel continente había llegado a su fin, pero quise quedarme una noche más y contar con esa peculiar almohada que había improvisado.

Facies

Más que un nuevo continente era un país, uno pequeño y tenía fisuras como los anteriores, pero estas estaban más marcadas, Con mis dos manos acaricié tal perfección, su forma parecía dos prolongadas serpientes que se unían, para permanecer abrazadas. Entre ellas me acomodé, sin caer en sueño, solo relajé mi cuerpo, pensaba que no quería dejar este lugar y también que podía tener varias propiedades en cada lugar visitado, mi corazón suspiraba reconfortado, era tan extraño todo la gama de sentimientos que esta experimentando y me quería quedar con todos.

Apenas pasó medio día y tras jugar un poco con aquella escultura, aproche la juventud del día para ir a una curiosa pirámide que tenía frente a mi.

Curiosa arquitectura, ¿Cuánto habrán tardado para construir semejante  edificación?

El atardecer comenzaba, retrocedí un poco, ya que el enorme sol que bajaba parecía llevarme con él. El sentido de mi caminata era de reversa por mi poca atención a mis pasos caí, caía de espaldas mientras nuevamente parecía caer por otra resbaladilla, bastante desarrollada por fin llegue al suelo.

Esta vez el suelo era como de cristal, pero no uno transparente, constaba de varios colores, un círculo negro fijo, una aureola café obscuro, todo sobre un mantel blanco con estambres gruesos negros. No imagino a un Picasso ni un Daly pintando ni creando semejante cuadro surrealista. Si mirabas fijamente el centro parecía moverse en cuanto tú lo hacías. Por momentos u horas me perdí mirándolos tanto que la noche llego, en cuanto se iba inundado con esa negrura característica, no sentí más temor, imagine que aquel centro del cuadro surrealista era el que inundaba el lugar, al transpirar  tanta paz y seguridad me sentí reconfortado al creer que me encontraba dentro del cuadro, seguro, sabiendo de algún modo que todo podría estar bien.

Para cuando el sol tapaba todo mi rostro, el cuadro estaba en todo su apogeo era tan exquisito. Continuaba mirándolo cuando se torno más cristalino, en los bordes un color rojizo se presentó, perecía que bajaban constantemente una persiana, cuando en la segunda bajada de persiana brotó un mar, así mismo de salado, Me aferré para no ser arrastrado por lo corriente al inicio de la pirámide. ¿Qué hago, qué digo? Comencé a llorar, nuevamente la impotencia me gobernó. Estaba tratando de entender qué poder hacer. ¿Me dejo llevar por está corriente de agua salada? ¿Me arriesgo a tal vez caer y morir? ¿Espero y qué podría esperar? O ¿me convierto en piedra y sigo hasta ver si este mar para?

Mis brazos, mis piernas, todo mi ser estaba ya cansado, mi lógica me invitaba a soltarme, después de todo el cansancio en mí iba a tomar esa decisión, y algo más dentro de mi me decía que podía resistir más. Me había maravillado tanto, que podía haber más, solo era cuestión de ser más paciente.

Mientras me sumergía entre mis pensamientos, desvanecí…

Al despertar, mi cuerpo quedó atorado entre la pirámide, aferrado no sé como. La fuerte marea había cesado.

Por días quedé varado, no tenía el valor de moverme, ¿si otra vez pasa? ¿Seré tan o más fuerte para sobrevivir? Por días quedé atónito, no podía ni quería pensar más.

Caput

Sin más ignoré las voces en mi cabeza, caminé en rumbo recto, tomé lo poco que sobrevivió ante tal maremoto y partí.

Antes de dejar atrás aquel cuadro tan bello, lo miré una vez más, rompí en llanto, ¿Cómo era posible que tal belleza causara todo esto? Me abrazo de mi mismo, entre abrí los ojos, noté como esas grandes esferas me buscaban con desespero y accedí a verlos tal vez una última vez. Ambos nos encontramos en total sincronía, en plena tristeza, quise adentrarme a ellos, con el temor de volver a causar un desastre natural. No fue así, lo único que emano fue un gran suspiro de mi parte y las ganas inmensas de soltarme del abrazo para abrazarlos. En aquellas dulces esferas vi mi travesía, podía aferrarme a ello solo una vez más, solo una.  Bese el cuadro y partí.

Tras reponerme, decidí que ese mismo día tenía que terminar el viaje, ya no se asomaba más por conocer así que, me encontraba en lo último. Al estar parado en el final, noté que el camino no tenia pared alguna y al caminar un poco más sobre el borde de lo que parecía un precipicio, me di cuenta que sólo daba la vuelta. Reconocí a lo lejos, continentes que ya había conocido y lo feliz que fui ahí, reconocí aquellas montañas saltarinas, el sendero con el camino marcado por en medio, sonreí, podía repetir el recorrido ya que, detrás de ello se vislumbraba las 5 pequeñas rocas que me dieron la bienvenida.

Me encuentro justo al final del recorrido, con la opción de volver a pasar  por el, disfrutarlo una vez más o bien tomarlo como una experiencia y nada más?, ¿quién puede disfrutar lo mismo para siempre?

Tembloroso por el reciente ajetreo al que me sometí, me tomé el tiempo necesario para un profundo suspiro, al termino ya sabía cual respuesta elegir.

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