«No seas como yo y sé feliz»
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«No seas como yo y sé feliz»

«Necesito quitar mi vida de encima de mis hombros. Tengo 46 años y soy un banquero y he vivido toda mi vida de la manera opuesta de lo que he querido. Todos mis sueños y mi pasión han desaparecido. Mi horario trabajo es fijo de 9 a 7, seis días a la semana desde hace 26 años. Siempre escogí el camino seguro para todo, lo cual terminó cambiando quien era antes.

Hoy descubrí que mi esposa me ha sido infiel desde hace 10 años. Mi hijo no siente nada por mi. Me dí cuenta que falté al funeral de mi padre por nada. No terminé el libro que estaba escribiendo, viajar por el mundo ni ayudar a aquellos sin hogar. Todo esto creí ser algo seguro en mi vida cuando era adolescente y a principios de mis 20. Si hace 20 años me conociera hoy, seguro me habría golpeado en la cara. Pronto llegaré a cómo fueron destruidos estos sueños mios.

Empecemos con una descripción de mi a mis 20 años. Parece como si apenas fue ayer cuando yo estaba seguro de que cambiaría a el mundo. La gente me amaba y yo a la gente. Era innovador, creativo, espontáneo, me arriesgaba y sabía tratar a la gente. Tenía dos sueños: el primero fue escribir un libro utópico/distópico y el segundo era viajar por el mundo y ayudar a los pobres y la gente sin hogar. Llevaba saliendo por cuatro años con mi esposa para ese entonces. El amor joven…. Ella amaba mi espontaneidad, mi energía, mi capacidad de hacer reír a la gente y sentirse amados. Sabía que mi libro cambiaría el mundo, mostraría la perspectiva de los «malo» y «retorcido», mostrándole a mis lectores que todos pensamos de manera distinta y que nunca pensamos que lo que hacemos esta mal. Llevaba 70 páginas cuando tenía 20 años. A los 46 sigo con 70 páginas. A los 20 había viajado de mochilazo alrededor de Nueva Zelanda y las Filipinas. Planeaba recorrer toda Asia, luego Europa y por fin América. Hasta la fecha sólo he ido a Nueva Zelanda y las Filipinas.

Ahora llegamos a donde todo salió mal. Mis más grandes arrepentimientos. Tenía 20 años y apenas era más que un niño. Necesitaba estabilidad y necesitaba un trabajo de egresado, lo cual dictaría el resto de mi vida. A dedicar toda mi vida a un trabajo con horario de 9 a 7. ¿Qué estaba pensando? Después de regresar a la casa, cocinaba mi cena, luego preparaba mi trabajo para el día siguiente y me dormía a las 10 para despertar a las 6 de la madrugada al día siguiente. ¡Dios! Ya ni recuerdo cuándo fue la última vez que hice el amor con mi esposa.

Ayer mi esposa me confesó que me ha sido infiel desde hace 10 años. ¡10 años! Parece mucho tiempo, pero no lo puedo comprender. Ni duele. Ella dice que es porque yo he cambiado. Ya no soy la persona que solía ser. ¿Qué he estado haciendo durante los últimos 10 años? Fuera del trabajo en realidad no hay nada que decir. No he sido un esposo adecuado, ni he sido yo mismo. ¿Quién soy? ¿Qué me sucedió? Ni le pedí divorcio, ni le grité y ni lloré. No sentía nada. Ahora puedo sentir una lagrima mientras escribo esto. No porque mi esposa me ha estado engañando, sino porque ahora me doy cuenta que me he estado muriendo por dentro. ¿Qué pasó con esa persona que le encantaba divertirse, arriesgarse, llena de energía que solía ser, hambriento por cambiar el mundo? Recuerdo un día que la chica más popular en la escuela me invitó a salir y que la denegué para salir con mi actual esposa. ¡Qué popular era con las chicas en la preparatoria! ¡Igual en la universidad! Pero siempre fui fiel, nunca exploré y estudié todos los días.

¿Recuerdas todo eso de viajar y de escribir que te mencioné antes? Todo eso sucedió durante los primeros años de la universidad. Trabajé medio tiempo y gasté todo lo que había ahorrado. Ahora ahorro cada centavo que gano. Ya ni recuerdo cuándo fue la última vez que gasté dinero para divertirme, ni nada para mi. ¿Qué es lo que quiero ahora?

Mi padre murió hace 10 años. Recuerdo a mi mamá llamándome y diciendo que cada día estaba más y más enfermo. Cada vez yo estaba más y más ocupado al borde de una gran asención. Seguí postergando mi visita, rezando por que aguante un poco más hasta que lo pudiera ver. Murió y me ascendieron en el trabajo. No lo había visto en 15 años. Cuando murió, yo me decía que no importaba que no lo había visto. Use el razonamiento de que ya muerto no importaba de todos modos. ¿En qué estaba pensando? Razonando todo, haciendo excusas para aplazar todo. Todo lleva a una cosa: a nada. Razoné diciendo que mi seguridad financiera era lo más importante. Ahora sé que ese no es el caso. Me arrepiento de no hacer nada con mi energía cuando la tenía. Mis pasiones, mi juventud… me arrepiento de dejar que mi trabajo controlara mi vida. Me arrepiento de ser un mal esposo, una máquina para hacer dinero. Me arrepiento de no terminar mi libro, de no viajar por el mundo, de no estar dispuesto emocionalmente para mi hijo. Simplemente una billetera sin sentimientos.

Si estas leyendo esto y tienes toda tu vida por delante, porfavor, no aplaces las cosas, no dejes tus sueños para después. Disfruta tu energía, tus pasiones. No te quedes todo el día en internet con todo tu tiempo libre, al menos de que tus pasiones te lo exijan.  Por favor haz algo con tu vida mientras sigues joven. No te conformes a los 20 años, no olvides a tus amigos, tu familia, a ti mismo. No desperdicies tu vida, tus ambiciones, como yo con los míos. No seas como yo.»

Publicado por Othón Vélez O’Brien.

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