Hace ocho años que está postrada en una silla de ruedas. La cuadriplejia que a Siri Alatorre le dejó la violencia que sufrió a manos de su pareja, que la acuchilló en repetidas ocasiones por la espalda, le impide tener para ella y sus tres hijos una vida digna.

Siri y sus hijos Alejandro de Jesús, de 13 años; Raymundo Artemio, de 11; y José Carlos, de nueve, viven en la pobreza. Les falta de todo. En la pequeña casa de dos cuartos, en la que también habitan los padres de ella, apenas si tienen los muebles necesarios para el uso diario.

La jerezana concede una entrevista para hablar sobre la situación que actualmente enfrenta, luego de que en el 2006 fuera atacada por Gabriel Heredia, su pareja, padre de sus tres hijos y su agresor confeso, que pese a declararse culpable fue dejado libre, en la apelación, por el magistrado Víctor Manuel González.

Hoy, Gabriel está en libertad y Siri, condenada a una silla de ruedas desde que tenía 22 años. A pesar de que el tiempo ya pasó ella no olvida. Aún no puede perdonar. Su vida, sus esperanzas y su futuro cambiaron drásticamente.

Dice que todavía recuerda claramente aquel momento, en el que en un acto de violencia por haberlo dejado, Gabriel entró a la casa donde vivía con sus padres y la acuchilló cuando estaba sola en la cocina. Al darse cuenta de la agresión, su padre trató de defenderla y él también fue acuchillado.

Ambos estuvieron al borde de la muerte, pero ambos sobrevivieron, con las graves secuelas que la agresión les dejó.

Con la tristeza reflejada en el rostro y la angustia en la mirada, Siri reconoce que todas aquellas autoridades estatales y municipales que en aquel momento se ofrecieron a ayudarla ya la tienen en el olvido.

Los seis miembros de la familia habitan en una pequeña casa que en un sexenio anterior, cuando sucedió la violencia intrafamiliar, le donó la gobernadora Amalia García Medina, en el fraccionamiento El Molino, de este municipio.

En la sala, comedor y cocina sólo hay dos mesas, una en deplorables condiciones, un trinchador quebrado, cuatro sillas y una vieja televisión.

En el cuarto de ella tiene un ropero sin puertas, dos camas, una donde duermen sus hijos y otra ella, que tiene un viejo colchón, con un enorme hundimiento en el centro “ya de viejo”, dice.

Desde aquel trágico día, Siri ha enfrentado la pobreza, la soledad y la tristeza. Primero, por la agresión sufrida por la persona que afirmó quererla; luego la violencia institucional, porque el Poder Judicial dejó libre a su victimario pese a que se declaró culpable.

Después porque quienes la ayudaron en aquel momento ya la abandonaron (autoridades y organizaciones civiles).

Su situación de salud cada vez se deteriora más, pues el anterior ayuntamiento de Jerez le quitó el apoyo que tenía de medicinas y las terapias, y como ella no tiene para pagarlas tuvo que prescindir de las dos y ha retrocedido en su recuperación.

El actual alcalde jerezano le dio una beca de 80 pañales desechables al año, pero ella requiere de dos diarios, así que con los que recibe no le alcanzan ni para dos meses.

La cama donde duerme tiene un colchón viejo y hundido y la silla de ruedas que utiliza ya no tiene el cojín, por lo que pide la ayuda de la población y gobierno para renovarlas.

Su manutención y la de sus hijos la tiene gracias al trabajo de su anciano padre, que es cargador, y a la pensión que Alma Dávila, cuando era alcaldesa hace dos trienios, le otorgó y que tiene hasta la fecha y del gobierno del estado sólo recibe el apoyo económico del programa Jefas de Familia.

En total debe mantenerse con poco más de cinco mil pesos mensuales, los que no le alcanzan para comprar sus medicinas y pagar terapias, así que fue lo primero que se suprimió cuando ya no se las otorgó el gobierno municipal. Hace cuatro años que se aguanta el dolor porque no tiene para comprar el medicamento.

A veces y con el apoyo de una hermana que la lleva en su silla de ruedas se dedica a hacer ventas por catálogo y de ahí obtiene un “dinerito extra”.

Mientras platicamos su hermana le hace una trenza en su largo cabello castaño, que le llega debajo de la cintura, en tanto ella afirma que “tengo que echarle ganas a trabajar y salir adelante por mis hijos”.

“Yo también quiero pedir ayuda para que una psicóloga atienda a mis niños”, solicita al explicar que los tres van mal en la escuela y que a pesar de que estaban muy chiquitos (cinco, tres y un año) sí les afectó aquel suceso.

“El más pequeño, José, me dice que Gabriel no es su papá ni siquiera lo quieren ver. Yo tengo más de un año que no lo veo y qué bueno”, afirma con voz seca y triste.

Día a día Siri enfrenta su difícil situación, pero por lo mismo sabe lo que es vivir la violencia de la pareja y la desgracia en carne propia, lo que es no valerse por sí misma ni poder trabajar para los suyos.

Por eso, como mensaje para las mujeres que están en una situación similar, es que “denuncien el maltrato, no se dejen, porque eso las puede llevar a la muerte, o lo que es peor, dejarlas muertas en vida”.

Notimex