Un Diván: El hombre de las ratas. P/2
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Un Diván: El hombre de las ratas. P/2

…Continuación

Para los que no han leído la primera parte, les dejo el siguiente link:

 http://www.caracteres.mx/un-divan-el-hombre-de-las-ratas-p1/

Al día siguiente de que el Capitán le contara la historia, le entregó el mismo el paquete del oftalmólogo  y le dijo, que el servicio postal lo había pagado el teniente “A”; y que debía pagarle a él el reembolso, lo que dio pie a la siguiente sanción o síntoma: no debía pagarle el reembolso al teniente “A” o el castigo se llevaría a cabo en su padre y la persona amada.  Sabía que el miedo era irracional, pero aún así el miedo estaba presente, y trato de pagar la deuda pero se sintió aliviado cuando por diferentes causas este pago no podía concretarse. El relato a partir de aquí se vuelve confuso para Freud, pues cuando por fin encuentra a “A” este le dice que no acepta el dinero pues el reembolso lo pago “B”, lo que complicaría el proceso de cumplir con su deber. Después de muchas dudas, pensamientos contradictorios, la intención de no pagar y evitar terminar el compromiso, que únicamente quería saldar para probar que sus miedos eran irreales, hace un giro para pagar las 3.80 coronas del paquete giro dirigido a la oficina postal que recibió el paquete. Al llegar a este punto Freud logra poner orden en las ideas del paciente; las 3.80 coronas las había pagado la encargada de la oficina de correos, y al confiar en el capitán, hizo ella el pago, esperando posteriormente que se le reintegrara por parte de Ernst, y que él sabía que ella lo había pagado y que a nadie más le debía la cantidad mentada, pues horas antes él había hablado con otro capitán y este le había contado el estado de las cosas.

Es ahí que se le ocurre visitar a un médico que le recetase pagar a “A” la cantidad para poder curarse de sus síntomas y decide visitar a Freud.

 En la cuarta sesión con Freud, Ernst le describe como fue la muerte de su padre años atrás y que él no pudo estar a su lado cuando sucedió, inclusive durante mucho tiempo él se comporto  cómo si su padre siguiera vivo, aunque él no ignoraba la muerte del padre se comportaba de forma contraria, después de un año y medio del fallecimiento el sentimiento de haber sido negligente para con su padre le atormentaba.

Posteriormente narra también eventos de su vida que estaban asociados a deseos de que su padre muriera: uno a los doce años más o menos sentía afecto por una jovencita que no lo correspondía y pensó que si le sucediera una desgracia esta le tomaría afecto; la desgracia que le vino a la mente es que su padre muriera repentinamente. Ya como adulto no había podido formalizar su relación con la mujer que amaba por cuestiones materiales, por lo que le cruzo por la mente que si su padre muriera él podría heredar; pero ante esos pensamientos se corregía pensando que si su padre muriera esperaba que no dejara nada atrás de lo que él pudiera beneficiarse. Estos pensamientos le generaban mucha ansiedad, y Freud le explicaba que al estar relacionados con una persona que le importaba mucho se volvían conflictivos, si hubieran estado relacionados con alguien de poca importancia para él, la yuxtaposición de deseos lo  habría conflictuado. Ernst no comprendía cómo era posible sentir hacia su padre dos sentimientos tan diferentes como odio y cariño,  porque no había el cariño anulado sus sentimientos de odio hacia su padre, y lo peor es que no concebía el origen de estos últimos, teniendo manifestaciones muy distantes unas de otras (12 años, 20 años y 22 años).

El luego explica que existía una mujer por la que sentía cariño que estaba relacionada con su padre, pero que nunca había tenido pensamientos sexuales hacia ella, y es ahí que se anuda o se volvió manifiesto el origen de su odio inconsciente hacia su padre; pues lo percibía como un rival ente esta mujer.

Narra también un evento del que se avergüenza, y dice que su memoria se lo recuerda pero que su orgullo lo niega. A los 8 años aproximadamente engañó a su hermano para que viera por el cañón de una escopeta cargada esperando hacerle daño, esto último no ocurrió pero le produjo un gran conflicto el haberlo intentado.

Hasta aquí llegan los relatos que se pueden organizar de cierta forma. A partir del discurso del sujeto podemos ver que en su interior alberga muchas veces sentimientos contradictorios hacia ciertas personas, y deseos que se oponen a su estructura moral, obligándolo a reprimir los deseos no aceptables en lo inconsciente, deseos que regresan como síntomas, estos últimos se vuelven mandatos que el debe seguir y cumplir o sus seres queridos sufrirán un castigo, estos castigos sabe que son irreales, inclusive trata de actuar en contra de sus síntomas para probar que no son ciertos, pero aunque los racionaliza, no los puede solventar por sí solo.

“¿Qué es un obsesivo? En suma es un actor que desempeña su papel y cumple cierto número de actos como si estuviera muerto. El juego al que se entrega es una forma de ponerse a resguardo de la muerte. Se trata de un juego viviente que consiste en mostrarse invulnerable. Con este fin, se consagra a una dominación que condiciona todos sus contactos con los demás. Se le ve en una especie de exhibición con la que trata de mostrar hasta dónde puede llegar en ese ejercicio, que tiene todas las características ilusorias –es decir, hasta donde puede llegar con los demás, el otro con minúscula, que es su alter ego, su propio doble. Su juego se desarrolla delante de otro que asiste al espectáculo. Él mismo es solo un espectador y en ello estriba la posibilidad misma del juego y del placer que obtiene. Sin embargo, no sabe qué lugar ocupa, esto es lo inconsciente que hay en él. Lo que hace, lo hace a título de coartada. Esto sí lo puede entrever. Se da perfecta cuenta de que el juega donde él está, y por eso casi nada de lo que ocurre tiene para él verdadera importancia, lo cual no significa que sepa dónde va todo esto.”

Jacques Lacan, 1956.

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Psicólogo, lector de Freud y Lacan.

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