Recuperando la conexión, trabajando con la naturaleza

Recuperando la conexión, trabajando con la naturaleza

Escribimos la fecha todos los días y de pronto tomamos conciencia de que han pasado ya 13 años del siglo XXI, la mayoría de las personas que están leyendo estas palabras no han dicho “en el siglo pasado” refiriéndose al siglo XIX, según palabras de un joven de 21 años. Su vida y actividades están caracterizadas por la facilidad de la comunicación, una increíble tecnología, la información al alcance con oprimir la tecla enter o marcar “ir a” con el cursor.

Nos hemos ido volviendo urbanos, perdiendo esa conexión con la naturaleza que somos, aunque en el fondo siempre sepamos lo que es verdaderamente importante, basta con recordar el personaje de «León el Profesional»  huyendo de un lado a otro en medio de balaceras pero protegiendo su planta como lo más sagrado.

Algunas personas,  como Bill Mollison y su permacultura desde Australia; otros como Masanobu Fukuoka y la Revolución de la Brizna de paja desde su huerta en Japón, viven una vida actuando, dan grandes ejemplos, crean teorías, otros como los jóvenes alemanes en un aeropuerto abandonado, recuperan el espacio para ellos y la naturaleza; comunidades españolas autónomas o el pueblo inglés de Todmorden, realizan un trabajo a otra escala, pero igualmente de un gran impacto para las conciencias y la salud de su comunidad.

Todos estos ejemplos empezaron con una toma de conciencia, se fueron desarrollando con pequeñas acciones cotidianas, con observaciones respetuosas de la vida.

Los citadinos tenemos esa semilla de agricultores, de paciencia, de cuidar un ser vivo y disfrutar plenamente de los frutos, sin embargo muchas veces no sabemos a dónde voltear para encontrar esos pequeños conocimientos que nos permitirán llegar a gozar de un jitomate jugoso y dulce, una ensalada aderezada con nuestra propia albahaca, unos ejotes cortados una hora antes de nuestra comida. Muchas veces escuchamos “hay que tener buena mano” y posponemos el descubrir si la tenemos o no, por esa falta de conocimientos concretos como son: cuáles plantas se dan en luz, en sombra, cuánto tardan en crecer, como realizar la correcta separación de nuestros desechos para que no se conviertan en basura, qué hacer con lo ya separado, cómo elaborar la “composta”, qué hacer después con ella, cómo acabar con una pequeña plaga de hormigas, de qué tamaño necesito una maceta, una jardinera, etc.

Cuando reencuentra esa conexión con la naturaleza el ser humano se llena de paz, encuentra inspiración en el capullo de una oruga, en el pequeño brote de una nochebuena que creía seca desde la Navidad anterior y decide continuar por ese camino, investigar, esperar, son pequeñas motivaciones en la vida, paralelas a las satisfacciones en nuestro trabajo, en las relaciones con nuestros semejantes.

Podemos aprender de los que nos han precedido y además experimentar día a día, la Naturaleza nos recompensará mil y una veces cuando desarrollemos esa mirada paciente para los detalles y nuestra semilla de agricultor urbano germinará y se desarrollará hasta florecer, reproducirse.

En este espacio queremos compartir técnicas, enseñanzas, saberes, tips, soluciones encontradas, para que puedan irlas aplicando, vivirlas, disfrutarlas, tal vez ampliarlas y compartirlas de nuevo…

Escrito por Mónica Chávez

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