Roomies, ¡juntos pero no revueltos!
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Roomies, ¡juntos pero no revueltos!

Llegó el momento de independencia, ¡esa añorada promesa de libertad!

¡Sí!, has tomado la decisión de dejar el nido que te vio nacer. Con los ojos llenos de brillo imaginas todo lo que harás en cuanto tengas tu propio “hogar, dulce hogar”; es tanta la emoción que sientes que el corazón se saldrá de tu pecho. Te metes a páginas de agencias de bienes raíces y buscas depas en la zona que siempre te ha gustado.

Bueno, el primer depa que te encantó quizá se sale un poquito de tu presupuesto, así que buscas otro, y otro, y otro… Con calculadora en mano vas sumando: renta, teléfono, gas, luz, comida, fiesta, etcétera, y te das cuenta de que no está tan fácil como lo esperabas. Parece que esa “libertad” te mantendrá, medianamente, bajo la “prisión” de los gastos fijos de una casa.

Entonces se te ocurre la maravillosa idea de buscar un roommate. Claro, alguien que tiene los mismos deseos de tener un espacio propio pero que tampoco puede aventarse el paquete de sostener una casa completa.

Para que la experiencia sea más placentera que caótica, tu roomie (o roomies) y tú deben estar conscientes de que vivir juntos será un gran ejercicio de tolerancia, en un escenario de mutuos acuerdos y respeto, así podrán tener una convivencia cordial.

roomies

Por eso sugiero los siguientes 10 puntos básicos para compartir departamento:

Roomie. Toma en cuenta que pasarán algún tiempo juntos, compartirán cocina, sala, comedor y, tal vez, baño. Acércate a un buen compañero, alguien que no sea tu antítesis, que sea de tu entera confianza y que practique el respeto como filosofía de vida.

Lana. Para empezar deben comprometerse a cubrir puntualmente la renta. Nada de que: «Uuuy, no me alcanza el dinero, luego te lo paso». Lo recomendable es que la renta sea menor que el 20% del sueldo, de esta manera no estarán apretados de lana y podrán solventar otros gastos. Alguien se puede encargar de recolectar el dinero y hacer el pago durante un bimestre y el siguiente bimestre lo puede hacer otra persona. Lo mismo para los demás gastos: gas, luz, internet, cable y otros.

Depa. Piensen que será el lugar en donde dormirán y se sentirán protegidos, vale la pena elegir un depa en un barrio que les guste y que se adecue a sus necesidades. No importa si se tardan un poquito en encontrarlo, procuren que sea un sitio a donde les de gusto llegar después de un día pesado en  el trabajo.

Comunicación. Hablar claramente, desde un principio, acerca de lo que esperan al compartir un departamento les ahorrará malos entendidos. Si en algún momento no están contentos con algunas actitudes o hábitos lo pueden platicar como las personas adultas que son y llegar a acuerdos. Por ningún motivo se vale hacer berrinches.

Mascota. Si alguno de los roommates tiene una mascota deberán buscar un espacio que acepte animalitos. El amo deberá hacerse responsable del bienestar de la mascota, no hay que abusar de la amabilidad de los compañeros de casa.

Muebles. Después de decidir cuál será el sitio donde van a vivir tendrán que pensar en los muebles, tomen en cuenta que en algún momento dejarán de vivir juntos y será imposible dividir un refri o un librero. Pueden pagar equitativamente una sala, un comedor, lavadora, cafetera, etcétera, y vender todo en cuanto se separen; también puede comprar cada quien un mueble o electrodoméstico y llevárselo en cuanto ya no vivan juntos. OJO, tomar medidas es muy importante, no estaría padre llegar con un futón que no cabe en el estudio

Limpieza. Dividirse las tareas del hogar es lo más sano: limpiar el baño, tirar la basura, sacudir la sala, barrer el piso y trapear; aunque si alguien acostumbra cocinar mucho evidentemente tendrá que echarle más ganitas a esa área. Eso sí, cada quien arregla su habitación. Si de plano no les alcanza el tiempo, pueden pagar el servicio de una persona que les ayude a dejar el depa rechinando de limpio.

Despensa. Si su alimentación es similar, tanto en gustos como en cantidad, pueden hacer juntos las compras del supermercado y dividirlo equitativamente; aunque también puede comprar cada quien su propia comida. Lo importante es que no hurtes los alimentos del otro, mucho menos las chelas (eso sí que duele). Quizá algunas veces le podrás pedir una taza de café o una manzana, pero que no se vuelva costumbre.

Fiestas. Puede ser que estén en la edad del reventón y el #EquisSomosChavos, pero hay que tomar en cuenta que no todas las personas tienen ánimo de fiestear siempre. Si decides hacer una fiesta, pregunta a tu roomie si no tiene inconveniente, no vayas a llegar con 20 invitados sin consultarle. También tomen en cuenta que hay más inquilinos del edificio.

¿Roomie extra? Si la pareja de tu roommate, duerme, come, cocina y se ducha casi diario en el depa deberán platicar acerca del tema, tal vez convenga que aporte una parte de los gastos. También puede suceder que hagan mucho ruido, y no está mal, ¿a quién no le gusta echar pasión? Pero, si se vuelve algo incómodo, tendrán que platicar al respecto.

Comenzar con una nueva etapa fuera de tu hogar familiar es una experiencia que te hará crecer en muchos aspectos y ¡qué mejor si  lo vives al lado de un buen compañero de casa! Todo es posible si planeas lo indispensable y dejas espacio suficiente para la improvisación, lo mejor será tomar todo con serenidad, buena actitud y aprender de absolutamente todo.

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