Un Diván: Ted Bundy p/2
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Un Diván: Ted Bundy p/2

Análisis.

Cómo podemos ver Bundy fue un caso particular dentro del mundo del asesino serial, carece de los antecedentes que la mayoría de ellos poseen en común, fue por decirlo de alguna forma, la excepción de la regla.

El abordaje que se hace de estos sujetos contempla en gran medida los estresores y detonantes externos que existen en las historias de estos personajes, dejando de lado la subjetividad inherente a cada uno de ellos. En los estudios que se han hecho de ellos, muchos de los autores han descrito esta actividad como la búsqueda de la maduración de la sexualidad, la estadística menciona un sesenta y seis por ciento que tuvo una madre dominante como Kemper, y en otra parte mencionan «a serial killer is rooted to gender identification involving a boy’s hability to succesfully negotiate his masculine autonomy from his mother»(un asesino serial esta enraizado en una identificación de genero que involucra la habilidad de un niño de negociar exitosamente su autonomía masculina de su madre)( Vronsky 2004 ).

Esto es la parte que a mí me parece más relevante.

Si recordamos a Hans, o Juanito como las versiones en castellano se han dado en llamar al pequeño Graf; es un caso de fobia infantil, que Freud interpretó como un síntoma neurótico que estaba convirtiéndose en la antesala de una perversión articulada como homosexualidad. La fobia era un desplazamiento de la figura paternal amenazante como castradora, pero como el sujeto neurótico se ve en la necesidad de convivir constantemente con la figura paterna, el miedo se desplaza hacia un objeto que en la cotidianeidad sería considerado como neutro, en este caso hacia el caballo, cualquier caballo y pero aún si este llevaba carro con él.

Para Hans, estaba desarrollándose la etapa en la que diferencia la heterogeneidad de los sexos, y tenía un interés en saber cuando su hermanita recién nacida iba a tener un hace pipí como él, y si algún día sería tan grande como el de un caballo. Aquí vemos que a partir de la comparación, el pequeño pensaba que a su madre se lo habían quitado y que a su hermanita aún no le había salido, Freud vio aquí la posibilidad de explicar parte de su teoría del complejo de Edipo, en la que postula que los deseos incestuosos del pequeño se van a ver contrapuestos con la figura de su padre, que inconscientemente representa a aquel que hace la diferencia de los sexos mediante la castración.

Lacan hace una lectura diferente, aunque también ve al pequeño Graf como perfilándose en el sendero de la perversión, él desarrolla una dialéctica diferente, explica a partir de el Nombre del Padre, el papel que juega el padre en el triangulo Edípico, en francés el Nombre del Padre, se puede escuchar también como el Nombre de la Muerte, y para Lacan representaba la función del padre como agente de escisión entre el niño y la madre. Para él, a la que había que castrar era a la madre del niño, pues ante la falta del falo simbólico, el niño se convertiría en ese objeto totémico que serviría para sustituir ese falo, por lo que el padre a partir de su presencia, los separaría permitiendo a uno existir y a la otra hacer nuevamente el último movimiento del desarrollo psicosexual femenino, donde se resigna en la falta.

Si recordamos bien, Graf pasa mucho tiempo con su madre, que a la menor provocación lo tiene con ella, duerme con ella cuando el papá no está en casa, y cuando este llega muchas noches el niño está con ellos por los terrores nocturnos, el pequeño desarrolla la fobia,  tiene miedo al caballo, pero este miedo no es miedo a que su padre lo castre, sí; el caballo significa para él el padre, pero en otro sentido, el teme que este lo deje solo con su madre, teme que algo le pase, que se caiga, que su función de Nombre del Padre deje de ser ejercida, y ella por fin lo absorba.

Bruce Fink hace un comentario al respecto de las estructuras ya que disponía de una creación posterior de Lacan para poder hacerlo, del objeto «a» que era una forma indefinida de representar un objeto definido, el objeto de deseo que toma el lugar de significante uno al ser un síntoma, pero que se desplaza metonímicamente y metafóricamente, elidiendo la posible aprensión del sujeto, el que lo buscará constantemente sin encontrarlo, este es el objeto «a», al que Braunstein se ha dado en significar como «@» para enfatizar su indefinición como algo.

Fink explica la relación de los sujetos con el objeto a como fundamento de las estructuras, y dice que el neurótico ya sea fóbico, obsesivo o histérico va a percibir la falta en el otro, lo que va a ser fuente de su angustia, el perverso va a negar la falta en el otro, pensando que él mismo la puede llenar, que él es a, y el psicótico jamás percibe siquiera la metáfora de a  y está condenado a vivir en lo real, donde el Nombre de  Padre esta forcluido, a diferencia del perverso que se percibe pero no se instaura.

En esta explicación se sitúan los estadios psicosexuales de forma progresiva comenzando con la psicosis como parte del desarrollo psicosexual del individuo, el cual es en un principio psicótico, no se diferencia de los objetos a su alrededor, tiene una percepción fragmentada del Yo, piensa que es uno con el pecho que lo alimenta, y cuando este no satisface su necesidad, lo devora imaginariamente por no cumplir con su designio, al no estar diferenciado del todo, si continúa así, va a vivir alienado en lo real, incapaz de metaforizar, va  a delirar sosteniendo que todo su discurso se vuelve real.

Posterior a este estado indiferenciado, el sujeto a partir de lo escópico, logra integrar sus miembros en una imagen congruente y se diferencia de su madre, del Otro y otro, constituyéndose como un yo (moi) imaginario, y un yo (je) simbólico, pues sabemos que el yo no es más que un significante entre otros significantes. En esta etapa que se empalma con la diferenciación de los sexos, y el Complejo de Edipo que es cuando a partir de la amenaza simbólica del padre, tanto el niño (Freud), como la madre (Lacan) renuncian a su deseo incestuoso, pero si este significante del Nombre del Padre como amenaza no es lo suficientemente fuerte, no se instaura como prohibición y la libido queda desbocada.

Es en la neurosis que la ley se impone, se crea el Súper-Yo como ideal a seguir ante la estructura moral o ética del padre, se limita el goce y la libido tiene que lidiar con el Yo como intermediario entre el Ello y el Súper-Yo, es la tercera etapa del desarrollo, por decirlo de alguna manera.

Y vemos que todos estos fenómenos psíquicos se dan a nivel inconsciente, tienen que ver más con la disposición psíquica y dialéctica de un sujeto que con los sucesos de la realidad, hay muchas familias donde la madre es la única que cría y educa a un niño y eso no lo hace perverso, y hay muchas familias con figuras paternas autoritarias y fuertes cómo la de Bundy con su abuelo y después su padrastro, pero el sujeto es incapaz de instaurar el Nombre del Padre de forma simbólica a nivel inconsciente convirtiéndose en perverso.

Fink sostiene que en particular el perverso sádico, actúa de esa forma para provocar la instauración de una ley, algo o alguien que pueda instituir el Nombre del Padre, intento muchas veces satisfecho solo por el encierro en una penitenciaria, pero que no incide en la estructura ya determinada. Muchos han dicho que no los dejen salir, que no se pueden detener.

Vemos como un sujeto aparentemente normal como Bundy, que presentaba conductas infantiles va aumentando el nivel de riesgo de sus crímenes, retando el peligro, buscando llegar a la madurez neurótica que le permita poner un freno a su libido, y evitar que esta lo consuma, avanza en la búsqueda, se vuelve casi compulsiva, hasta que pasa de ser un asesino serial organizado enfocado en el control a uno desorganizado con fines hedonistas, necesitaba un freno, a mi me parece que el error tan insignificante que cometió al no saber que excusa dar al oficial que lo arrestó, fue un lapsus inconsciente que le permitiría parar en su actividad.

Un lapsus que como todos, es un acto exitoso.

Conclusión:

Vemos a partir de la teoría Freudiano Lacaniana, que es posible dar una posible explicación al fenómeno del asesino serial, en este caso de Ted Bundy, desafortunadamente casi siempre será una explicación transversal en la línea del tiempo, pues podremos explicarla a través de la experiencia personal de los sujetos, y de los actos que cometen, todos metáforas de su deseo.

Al ser un atributo subjetivo el que el sujeto incorpore o no el Nombre del Padre, los intentos de extrapolar experiencias infantiles con la intención de identificarlos desde su juventud, me parece están lejos de ser fructíferos.

La instauración de la ley es un proceso inconsciente y personal, que al depender de palabras, pues de estas está constituido el pensamiento, va a estar sujeta a las particularidades de pensamiento de cada uno de nosotros, y creo que aquí hay un dos puntos claves en ámbito de la clínica.

Primero es muy fácil buscar atributos en una persona para poder encajarlos en los espacios denotativos de una teoría, y ver en las personas el cumplimiento de lo que nosotros creemos es lo correcto en tanto a una praxis nos referimos, que es lo que se busca de alguna forma en este ensayo, articular lo aprendido, pero ante el Otro, ante el otro que está sentado en un diván, no podemos encasillarlo y buscar que encaje con nuestras definiciones, no caigamos en el error de los que quieren vivir en el control y anular al sujeto, el debe hablar su mundo, y darle forma en la relación dual que es ternaria del diván, nos va a hablar para hablarse a sí mismo, en su individualidad es único, con rasgos que nos unen, no es fácil esperar que el otro nos lo diga, pero en realidad solo él sabe lo que piensa.

Bibliografía.

 Dor, J. (1987). Estructura y perversiones. España: Gedisa.

Fink, B. (2007). Introducción Clínica al Psicoanálisis Lacaniano. España: Gedisa.

Lacan, J. (2005). Las Formaciones del Inconsciente. Argentina: Paidós.

Vronsky, P. (2004). Serial Killers, The Method and Madness of Monsters. Canada: Berkley.

About the author

Psicólogo, lector de Freud y Lacan.

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