
Se te rompe una uña y sientes que el día se arruinó. Alguien te contesta cortante y reaccionas más fuerte de lo normal. Casi siempre no es por la uña ni por esa persona: es que ya venías cargando algo desde antes, y lo pequeño solo fue la gota que derramó el vaso.
Cuando algo mínimo te saca de tus casillas, vale la pena preguntarte qué es lo que realmente te tiene así.
Por qué pasa esto
- Las emociones que no procesas no desaparecen, se acumulan
- Tu cuerpo y tu mente tienen un límite de tolerancia, y ese límite baja cuando ya vienes cansada, estresada o triste
- Lo “pequeño” no es la causa, es el detonante que activa todo lo que ya estaba ahí
- Reaccionar de más casi siempre es información, no un defecto de carácter
No es que seas exagerada, es que el enojo pequeño casi nunca es solo por lo pequeño.
Cómo identificar qué es lo que realmente te tiene así
- Antes de reaccionar, pregúntate: ¿esto realmente merece esta intensidad, o traigo algo más encima?
- Piensa en tu día completo, no solo en el momento del enojo: ¿qué pasó antes que ya te tenía al límite?
- Nota si el enojo se siente desproporcionado comparado con lo que lo causó
- Date un momento antes de reaccionar, aunque sea unos segundos, para distinguir la causa real
Qué hacer con esa información
Una vez que identificas qué es lo que realmente te tiene así, puedes atenderlo directamente en lugar de descargarlo en lo primero que se cruce. A veces solo necesitas nombrarlo (“no es por esto, es que traigo un día pesado”) para bajarle intensidad a la reacción.
No se trata de dejar de sentir enojo, se trata de dirigirlo a donde realmente pertenece.
¿Te ha pasado que reaccionas fuerte por algo pequeño y después te das cuenta de que era por otra cosa? Cuéntanos en comentarios.
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Publicado por Redacción.
